Hacer acrobacias en una pestaña puede parecer más complicado de lo que es, pero a fin de cuentas se la puede remar. Para desmitificar el mundo, este blog-cajón de sastre con las crónicas de un acróbata mal pago.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Gracias por los días

I
Mi familia siempre compró días. Cuesta comprender cuál era la moneda para esas transacciones, pero creo que ya lo he entendido.

Como todos los negocios, siempre alguno habría de frustrarse. Eso lo entendí, al fin, cuando enfrentamos la negociación más enérgica con la muerte. Ella no quería ceder y se mantuvo firme en su propósito de terminar con mi hermana.

A Selena la digirió el cáncer ese año. Cavó túneles estratégicos, secretos, que hicieron ceder el suelo en una reacción encadenada. No fueron muchos los días que pudimos comprarle, aunque en la tarde en que esperábamos la palabra «remisión» como noticia, creímos que sí.

II
Estaba de licencia por una gripe. Selena me llamó para que fuera a casa de mamá. Ella me lo contó en el patio, junto a las macetas que nunca recordaba regar cuando iba a lo de los viejos.

Selena siempre había sido capaz de soltar cosas inesperadas mientras hacía actividades cotidianas. A los 9, recuerdo que me dijo que una vecina había muerto en un accidente de autos mientras ambas estábamos poniendo unos plantines en la tierra como podíamos. Nunca entendí por qué con esas condiciones dejó Periodismo y estudió contabilidad. Luis, su novio desde la secundaria, tampoco.

–Tengo que ir al médico mañana para confirmar un par de cosas, pero ya es oficial. Y no pinta bien.

–¿Saben algo papá y mamá?

–...

Se regó las sandalias por accidente.

–Sí, pero no les dije nada de a qué nivel está.

–¿Y Luis?

–Sabe todo. La verdad

Me quedé pensando en los muchos sentidos de la palabra «verdad» entre nosotras. Ella debió reconocerlo, por eso dijo:

–Verdad verdadera, no como la «verdad» de la tía Maruja– en relación a una legendaria tía abuela nuestra que, al irse a vivir a Estados Unidos, no se resignó a pasar de ser «blanca», a ser «latina» en las planillas de Inmigración. Y para ello, construyó su verdad espolvoreando minuciosamente todo su cuerpo con una fina película de talco antes de hacer pie en el control del aeropuerto del norte que la vio bajar y nunca volver.

¿Terminaríamos como esos parientes y sus rayes?


viernes, 11 de octubre de 2013

Prisa con traspié

Corre y no importa a dónde vaya
Si el mapa deja de ser interesante
se concentra en el propio movimiento.
Baja el sudor.
Sube la presión.
En los extremos equidistantes está ese destino.

Salta y no importa donde caiga:
si en la ciudad todavía
o en otra parcela del plano.
Si hay prisa, solo hay un fluir que lo hará olvidar la llegada;
un tropezón no es caída sino gajes del oficio,
o, en realidad,
una señal de que se aproxima un desliz
al enhebrar pensamientos.
A no preocuparse:
el resbalón se olvidará en el mismo trayecto.

Salta el paredón, sube la terraza.
Esquiva el auto, rodea volquete.
Engancha el micro, sube, respira.
Y llegó el pajarito
que anidó en la memoria
y tapó aquel destino.

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Besos que matan

«I time every journey
To bum pinto you, accidentally»
Franz Ferdinand

Lautaro sabía calcular con precisión la ubicación en paralelos y meridianos. Sabía con certeza absoluta los horarios de los micros que lo llevaban a trabajar. Sabía cómo meter una traba sutil para que el delantero trastabillara y el árbitro no supiera si sancionarlo o no.

En esta descripción hay algo sustancial; no es azarosa: a la salida del club, ese sábado, se pusieron a prueba algunos de sus conocimientos. Por citar uno, tuvo que revisar en su archivo mental si aquella chica de pelo ondulado era o no conocida. El siguiente paso en su googleada interna fue dilucidar si ella no había salido con Toto o Francisco, cosa de no ser acusado de utilizar, metafóricamente, un serrucho en el suelo en que se paraban –figuradamente– sus amigos. «File not found», dijo su cerebro. «Dale para adelante», advirtió después.

Calculó cada paso y palabra. «Estaban preparadas como proyectiles», diría quien creyera que lo suyo era la cacería de una presa. Lautaro lo vería más como parte de ese ejercicio cíclico que era el sábado en su conjunto; eso, o simplemente un nuevo despunte de libido.

Pero, aunque no era tan básico como para incurrir en preguntas clásicas por los signos del Zodiaco, su rendimiento de esa tarde, se diría, habría sido mejor en la cancha que en el estacionamiento. Elisa, la susodicha, distó de impresionarse por el bolso deportivo, que permitía inferir que él jugaba en las inferiores. «No todas las castañas pulposas son botineras», pensó. Manejarse con la creencia de que las relaciones podían predecirse, cual mecánico llenado de casilleros en planillas, no le estaba resultando una filosofía de vida gratuita.

Fueron inútiles las insistencias en «Te conozco de algún lado» o «Tu cara me suena», desviadas con la facilidad que el agua encuentra las depresiones en el suelo. Esas frases apenas consiguieron una sonrisa que decía a voz en grito «Otra vez el mismo ritornello».

***

viernes, 9 de agosto de 2013

Ficciones noticiosas: El deporte de la temporada sería el «tiro al Espíritu Santo»

Esta es otra entrada de la serie Ficciones noticiosas. Todo aquí es  ejercicio periodístico del cronista acróbata de este blog y tan real como mi destreza para el cálculo de logaritmos.


DEPORTES
El deporte de esta temporada sería el «tiro al Espíritu Santo»
El deporte estaría haciendo furor entre los seres de otras mitologías. La ONG Whitepeace denuncia la creueldad de este deporte.
Por Cronista Acróbata

Las modas son cíclicas, ya lo sabemos, pero nunca vuelven exactamente iguales a como fueran en su momento de furor. Un testimonio de este regreso con sutiles diferencias es la reciente revitalización del tiro al pichón en el más (im)pío de los deportes de la temporada: el tiro al Espíritu Santo.

Como su nombre lo indica, esta práctica consiste en dispararle al famoso y palomesco espíritu en pleno vuelo. Para lograr esto, se suelen utilizar señuelos como mujeres embarazadas o ramas de laurel para atraer al emplumado ser espiritual. Un estudio reciente del Instituto de Investigaciones sobre de Seres Inmateriales (IdISI) arrojó la alarmante cifra de 3.534 manifestaciones ornitológico-místicas asesinadas a puro escopetazo en el primer semestre de este año. No obstante se desconoce el número de ejemplares finiquitados a puro garrote, martillo, katana u otro tipo de armas de distintas culturas.

Y es que el cuestionado deporte se ha vuelto especialmente popular entre los dioses nórdicos y los orientales. En un reportaje reciente de la revista Runas actuales, el dios Thor comentó su récord de cacería de Espíritu Santo a base de martillazos y relámpagos. Interrogado sobre el resquemor ético de andar matando manifestaciones espirituales de otras religiones, el dios del trueno respondió que «Yo también soy un dios. Si los cristianos no querían que nos inventemos un deporte con su deidad, le hubieran dado forma de ballena, elefante o al menos de águila. Mirá que una paloma...».

En un comunicado del lunes pasado, la ONG Whitepeace manifestó su repudio por esta actividad, cuestionando su estatuto como deporte y sugiriendo preventivamente que no se lo incluya en las Olimpiadas Divinas de este año. Su portavoz, la ondina Lorelei, dijo a Ficciones noticiosas: «Además de cruel, este pseudo-deporte fomenta el odio y la intolerancia. Ya hemos presenciado bestialidades similares contra otras best... criaturas mitológicas y hemos tomado cartas en el asunto. En estos momentos, estamos exigiendo un juicio a Teseo por reducir dramáticamente la población de minotauros y mañana realizaremos un escrache a la diosa Hera por mala utilización de esfinge».

Seguiremos informando.

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El deporte de la temporada sería el «tiro al Espíritu Santo» por Lucas Gagliardi se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
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domingo, 30 de junio de 2013

El ancla

«¿Qué significaban aquellos misterios? ¿Había acaso un único 
mundo que dedicaba su tiempo a soñar otros mundos?»
Philip Pullman. La daga.

Pasaron micros.
Pasaron olas.
Pasaron cepas.
Pero en el transcurso de esa correntada
(que puede ser idéntico a la duración deseada
de un abrazo) pasó también la risa.
¿Dónde ocurrió? La perdí de vista.

No quedan ruinas: eso es un cuento.
Para que queden los despojos ya no hay tiempo:
siempre algo nuevo produce su estampida.
Lo constato:
brotan realidades desconocidas en mi entorno.

Pero no me preocupa lo que emerge
más bien lo que cierra los ojos y se pierde.
¿A dónde irán a parar nuestros fantasmas
cuando ya no estemos para recordarlos?
Es un engaño creer en libertades al cruzar la frontera:
ser fantasma es vivir en dependencia de los vivos.

¿Me estaré convirtiendo en uno?
¿Siempre lo fui y recién me entero?
Hoy perdí la orientación en la calle
y me pregunté si no sería acaso
lo que otro soñaba, interrumpido por un lapsus
en el que me invadieron unas preguntas.
Pero esa misma duda me eyectó de regreso.
Los fantasmas no tienen preguntas,
sólo la certeza de la rutina
y la inquietud de ser pasto del olvido.

lunes, 24 de junio de 2013

Pajarracos en la medianera

–Siempre te dije que no se podía vivir con una medianera tan baja– pensó Analía.

Esa era una de las muchas frases comenzadas en «siempre» que  solía espetarle a su esposo. Pero esta vez se la contuvo. Días después pensaría sobre esa contención y concluiría que había hecho lo correcto, porque el horno no estaba para bollos desde hacía rato. Para ningún tipo de panificado, en realidad.

Siempre se juntaban ahí, en la medianera. Quiso la casualidad, esa emperatriz del sadismo, que la pared en cuestión diera al ventanal principal de la casa de Analía. Otra de sus voluntades fue que los tres pajarracos se juntaran religiosamente a la hora de regar las plantas, cuando bajaba el sol, para que Analía sintiese sus cabezas asomadas mirando en dirección a ella.

Ella sabía que allí estaban aunque moviera el escritorio de lugar. Peor era dar la espalda al ventanal: ahí estaban esos ojos fingiendo que miraban otra cosa. Estaban insumidos en un dialogo que ella no podía inteligir. ¿Hablarían de ella esos seres con plumas alrededor de la cabeza?

–...Y ese aire presuntuoso que tienen, como si las plumas fueran el último grito de la moda. Son una fauna y se hacen... –decía  a su marido durante una cena la protagonista de esta situación de acoso. Él jugaba con su tenedor en el plato mientras ella ocupaba su boca con el merlot de ese sábado o con palabras sobre los plumíferos.

***

Pero esa semana hacia el final del verano fue decisiva. El martes, Analía estaba terminando unas letras de palo seco para una campaña publicitaria. Cuando sonó el estrambótico cucú que marcaba las seis, ella pensó dos cosas: primero, que para ser una persona acosada por el subgrupo volador del reino animal, el cucú había sido una elección decorativa un tanto polémica; segundo, que los graznidos de esos seres llegarían en cualquier momento, y que, en su código ininteligible a la distancia, el jogging y las pantuflas que Analía llevaba iban a ser el primer blanco de críticas.

El cucú la vió pasar cual bólido desde la sala al dormitorio para salpicarse con una nueva vestimenta.

***

El miércoles se empecinó. Eduardo, su marido, no quiso escuchar sobre sus intentos por descifrar a la distancia el diálogo de los pajarracos. Cuando ella vio que la indiferencia era suplantada por una irritación acallada por semanas en él, cambió el tema y discurrió sobre la gran cantidad de tiempo transcurrido desde que había ido al cine por última vez.

Esa noche, Analía no pudo dejar de pensar en el código secreto de los seres de la medianera. Le intrigaba saber su contenido. Pudo más el signo de interrogación que la almohada, y se levantó para ir hasta el ventanal. Se tentó con el resquicio entre cada hoja de la persiana y se propuse ver si distinguía en la medianera ese sexteto de ojos escudriñando su casa. Pero luego recordó que sólo los pajarracos más orgullosos de su condición (o los más cazadores) salían de noche. Y que el voyeurismo podía aplicarse hasta en un barrio con veredas de tierra que parecía poco interesante en primera instancia.

***
El jueves, durante el desayuno, Eduardo estaba cortante:

sábado, 15 de junio de 2013

Acuarelas

A pesar de sus pies, alcohólicamente pesados, llegó hasta los baños. Sentía el maquillaje corrido por su cara y la lejana voz de alguien que la llamaba cuando trasponía la puerta

–¡Sole! ¡Sole!

Se perdió entre compases y acordes pinchados por los dedos del DJ. Las notas cayeron como gotas y ella se tambaleaba.

No reparó en la falta de espejo, no reparó en el blanco dentífrico de los mingitorios. Sole manoteó la puerta mirando un charquito en el piso, que apenas se veía en la oscuridad del boliche. El agua reflejó la puerta al correrse y un nudo de manos diluidas en brazos. Su novio y aquel pibe que a ella tanto le calentaba en secreto, con el pelo hecho un enjambre y una mueca de placer amotinada en las comisuras. De caricias iba el asunto, al menos hasta el momento.

Las manos de ella, antes húmedas, se pusieron como el hielo al ver la escena. En ella surgió un eco freático que se extendió hasta los ojos (entre tanto eco de alcohol en la sangre). Pero todo se resumió en la pérdida de esa sonrisa ebria que llevaba hace rato, que se derramó por donde culmina la expresión de todas las emociones.

***

Meses después, cuando ya iba por la cuarta metida de pata de su novio y el correspondiente perdón por sus “experimentos”, Sole recordó el episodio mientras hacía unos largos en la pileta del club. Pesó que los recuerdos, sobre todo los desagradables, tenían la desafortunada característica de no escurrirse tan fácil como el agua entre los dedos y perderse para siempre.

sábado, 25 de mayo de 2013

Crónica platense 8: Pantanos urbanos


Esa semana terminaba con un viernes de trabazones. A los muchos obstáculos de esos días se le sumaban la pérdida de un micro para ir a trabajar y el extravío de papeles importantes que retrasarían trámites e incontables litros de paciencia perdida en el transcurso de una mañana. A la salida de una escuela, se sumaron las complicaciones climáticas que, a un mensaje de texto y tres partidos de distancia, casi dejan varados a unos conocidos.

Al regresar a La Plata de mi exilio matinal en Tolosa, fui a ver a una amiga que estaba rindiendo. La cosa no salió bien y, para peor, quedó atascadacada en un mar de dudas por el resultado de su examen.

Minutos y discusiones sobre el tema después, fuimos a sacar el auto de un estacionamiento cercano para regresar a nuestras vidas que estaban puestas en modo “fin de semana”.

–Qué bárbara esa explicación. Resulta, entonces, que según ellos no “aprobé ni desaprobé”– dijo, confirmando con esa cita la impresión de que el día estaba marcado por momentos de indefinición que detenían nuestros movimientos.

Ni bien terminó de decir la frase, crugió el auto que estaba sacando del cuadrante de la playa en que estaba estacionado. Nos bajamos a ver y resultó que el estómago del vehículo estaba atrancado. El cuadrante en que había dormitado por horas estaba un poco más arriba que el resto del suelo; la barriga del auto había quedado en contacto con el borde escalonado de fierro.

No era necesario decir nada. Y no se dijo más que “Voy a ver si el chico del estacionamiento nos ayuda a sacarlo”, tras la cual ella se fue hacia la entrada de la playa. Pensé en ese momento que muchas veces la realidad imitaba muy bien esos burdos guiones de cine en que toda cuestión emocional se subraya con hechos que afectan el entorno.

lunes, 29 de abril de 2013

Crónica desde el lago de aguas tranquilas



Nuestro lago no tiene pedrerías, ni muchos interrogantes. Es un ecosistema de insectos y flora, pero uno siempre está satisfecho. Por aquí las aguas son tranquilas, o por lo menos así nos gustaría que fuera la mayor parte del tiempo. De vez en cuando surge algún tumulto o se agita alguna historia que termina provocando escándalos. Pero son hechos aislados. La peor de todas, quizá, ocurrió hace muchas primaveras.

La debacle, si así puede decírsele, fue ocasionada por la llegada de una impostora. Muchos la creyeron una más de nosotros, solo que un poco altiva y con tendencia depresiva porque se aislaba. Pronto descubrimos que fingía, o al menos que era una indecisa: alternaba las plumas con la piel; abandonaba unas hermosas alas en pos de caminar sobre dos patas larguísimas. Pero se nota que la intrusa es una histérica: no se decide a conservar las plumas o a quedarse con esa piel escamosa suya. A veces otro de su especie la visitaba: uno menos histérico, pues no se transforma.

La realidad es que nunca la comprendimos, para empezar porque no pudimos comunicarnos. De tan impostora que era también resultaba analfabeta en nuestro idioma. A algunos de  la comunidad les despertaba compasión por su soledad ebúrnea; a otros, risas. Algunos sugirieron congraciarse con ella rodeándola y efectuando nuestra tradicional danza de consuelo pero no hubo consenso. Como en una burda parodia intencionada, ella de vez en cuando se mandaba algún que otro paso ridículo en solitario. Lo tomamos como una ofensa.

Pero la convivencia llegó a su fin. Ese día, en el punto álgido de la vida de la impostora se armó una gresca de aquellas. Al muchacho de espada que venía siempre se le sumó otro sujeto de atavíos excéntricos. Terminaron tironeando a la intrusa, a punto de desplumarla como a una tosca gallina. A mí me dio alegría. A mi familia también. Quizá terminasen desmembrándola o por lo menos llevándosela de nuestro lago.

Debo confesar que la curiosidad me pudo, y me desplacé por las aguas hasta aquel barranco que surgía de entre el bosque, como la burda cabeza de un pato cuando emergen con su poca elegancia del fondo de las aguas. Allí también se congregaron más curiosos de mi especie, agitados y expectantes.

Se oyó el grito.

jueves, 21 de febrero de 2013

Ficciones noticiosas: Ents víctimas de la tala en la 9 de Julio

Esta es otra entrada de la serie Ficciones noticiosas. Todo aquí es  ejercicio periodístico del cronista acróbata de este blog y tan real como mi destreza para el cálculo de logaritmos.


Ents porteños enardecidos: “Nos están eco-desalojando”

Por Madre Naturaleza Socialista

La reciente tala de árboles en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la Avenida 9 de Julio no solo ha afectado el manto verde de la reconocida arteria de tránsito, sino que está provocando estragos socio-eco-habitacionales.

A la reciente insurrección de las palomas y gatos abandonados en las plazas porteñas (que no tuvo éxito al enfrentarse a las poderosas topadoras comandadas por fuerzas humanas) ahora se le suma la crítica situación de los Ents locales. Los mismos se hallaban habitando los islotes verdes de la avenida, donde además de nutrirse se habían convertido en un atractivo turístico.
Tiempo pasado. Ent porteño rodeado de turistas

«Nuestro pueblo es pacífico, no tenemos en nuestras venas la sabia belicosa para organizarnos en un movimiento eco-social y protestar por el desalojo que estamos sufriendo. Lamentablemente no somos como nuestros antepasados que le voltearon la casa al brujo Saruman» declaró uno de las afectados por la tala.

Recordemos que esta comunidad arbórea ya había aparecido  en los medios hace unos años cuando radicaron una denuncia por «Discriminación de especie vegetal» contra los ceibos y jacarandás, quienes los habrían agredido por ser «una especie inmigrante y de países ni siquiera limítrofes que vienen a robarles su trabajo como parásitos terrestres de este noble suelo argentino» según consta en la causa. La misma, ahora elevada a juicio oral y público se definirá en las próximas semanas. Recientemente un representante de la comunidad de ceibos apareció en el programa de Samuel ‘Chiche’ Gelblung y declaró que «Esta especie además de inmigrante de un folklore colonialista es pelotuda: mirá que se van a venir de Inglaterra o de Europa en general a echar raíces en Argentina».

Mientras tanto, los desplazados mitológico-vegetales se han quedado sin hogar y se han dirigido al conurbano bonaerense a los efectos de encontrar un nuevo suelo. «¿A vos te parece? Primero nos teníamos que fumar a todos los nerds fanáticos de Tolkien que se iban a hacer reuniones a nuestros pies y ahora nos han sacado nuestra tierra» declaró una Ent furiosa pero sin voluntad de llevar a cabo una protesta social.

Actualmente se espera una segunda insurrección de las palomas bonaerenses que, pese a ser tildadas de «boludas» por el común de la gente, están organizando un grupo comando para bombardear con sus excrementos la casa de Gobierno. Seguiremos informando

martes, 12 de febrero de 2013

Ficciones noticiosas: Multas de tránsito. Ahora cayó Voldemort

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Continúa la ola de multas interplanetarias

Voldemort multado: “Ahora no solo Harry Potter frustra mis planes sino también los inmundos milicos muggles

 Por Cronista Acróbata



Tras el sonado endurecimiento de las políticas de tránsito interplanetario, este medio informó en exclusiva sobre el episodio ocurrido en el distante planeta Namek, donde el tirano espacial Freezer fue injustamente multado. Ahora ha sido el turno de otro Señor Tenebroso, en este caso más acá en la galaxia.

El villano inglés y sociópata profesional Lord Voldemort (alias Tom Marvolo Riddle), fue detenido ayer por la división terrícola de la policía interplanetaria mientras volaba sobre Watford, Inglaterra. En este caso no fue multado por estacionar mal como ocurrió con Freezer sino por volar sin escoba.

El brujo, quien se supone que estaba empeñándose en dar cacería por vía aérea a Harry James Potter, fue abordado en el aire por miembros de la policía (que, recordemos, está compuesta por una alianza de razas planetarias) dado que su forma de desplazamiento supone una contravención al célebre Estatuto Interplanetario de Tránsito Interestelar. Para empeorar las cosas, uno de los oficiales presentó una denuncia al equivalente inglés del INADI argentino dado que Voldemort  lo calificó de «inmundo muggle pelotudo».

Según el informe policial, Quien-Tu-Sabes se defendió aduciendo que él estaba sobrevolando el planeta Tierra, no desplazándose hacia otros cuerpos celestes, por lo cual el Estatuto no tendría poder sobre la jurisdicción terrícola en este episodio. También acusó a la policía de estar complotada con «el mocoso de la cicatriz» para evitar su asesinato, el cual Voldemort podría haber hecho como 30 veces si no fuera porque su tendencia a ponerse a hablar y contar todos sus planes frente a él. Y continuó «Ya es muy difícil ser un Señor Tenebroso en estos tiempos. Y ahora no sólo Harry Potter frustra mis planes sino también los inmundos milicos muggles». 

Paranoia conspirativa y tenebrosa aparte, lo cierto es que el estatuto se ha puesto en vigencia con sumo rigor. The New York Times informó la semana pasada que Superman fue multado por lo mismo que Voldemort y que Iron manel multimillonario y cínico de vocación Tony Stark al ser multado mandó «a cagar» a las autoridades, aunque se sabe que cuenta con capital suficiente para cubrir los costos de la sanción.
Día de furia. Voldemort grita al ser mulatado por un muggle

jueves, 7 de febrero de 2013

Ficciones noticiosas: Ola de multas de tránsito. Ya no se respeta ni a los tiranos


Esta es otra entrada de la serie Ficciones noticiosas. Todo aquí es  ejercicio periodístico del cronista acróbata de este blog y tan real como mi destreza para el cálculo de logaritmos.

NO SE SALVA NADIE
Multan a Freezer por estacionar mal su nave en Namek

Por Cronista Acróbata

Foto buchona: fotomulta de baja resolución tomada el martes
Ni el tirano integaláctico y cornudo profesional Freezer se ha salvado de las actuales políticas de cero tolerancia a las infracciones de tránsito cósmicas. El pasado martes, su tristemente célebre nave espacial modelo Volkawagen Redondus V510 fue multada en el planeta Namek por estar estacionada junto al delta de un río.

Según el Estatuto Interplanetario de Tránsito Interestelar sancionado en La Haya (planeta Tierra), en los cuerpos celestes con más de 80% de su superficie cubierta por agua constituye una infracción de tránsito estacionarse junto a una desembocadura fluvial. El documento explica que una nave gigante, especialmente aquellas con forma de panqueque (como el caso de la del emperador Freezer), pude por su peso producir un desprendimiento de tierra, deslizarse y bloquear uno de los afluentes, dañando así el ecosistema autóctono. A su vez, los posibles escapes tóxicos constituyen otro motivo de preocupación

«Cómo quieren que me estacione lejos de un delta si todo este maldito planeta es puro barranco y río interminable. Estuve tres semanas ahí y ya  a los tres días me tenía los huevos al plato la geografía tan insípida de ese planeta turquesa» declaró el villano quien, según se rumorea, carbonizó el planeta Vegeta y tiene planes de conquistar el nuestro o reducirlo a un estado similar al de un paty.
En una entrevista con su lugarteniente y alienígena metrosexual Zaarbon, Ficciones noticiosas constató que en aquel planeta –que queda por la loma del ojete– el clima ya estaba caldeado desde antes de la denuncia: «Esos bicharracos verdes de los Namekuseijin venían protestando desde que pusimos uno de nuestros elegantes pies en esta tierra. Bah, salvo nuestro señor Freezer, que viaja en silla voladora. De cualquier modo son unos reaccionarios. Ni que hubiésemos masacrado a su gent…» declaró el lugarteniente con un abrupto y comprometedor silencio. Lo cierto es que el grupo ecologista Namekuseijins Por Un Mundo Más Verde Que Nuestra Piel (NPUMMVQNP*) radicó una denuncia por escapes tóxicos de la nave espacial de Freezer y otra por presunta sustracción del patrimonio histórico a la Comisión por el Patrimonio Histórico Planetario (Copahipla), alegando que los recién llegados –o «invasores», como ellos los denominan– han sustraído varias de las conocidas esferas del dragón.

jueves, 31 de enero de 2013

Vacaciones acrobáticas

Este blog se toma vacaciones por unas semanas (o al menos unos días). Mudanzas y veranos complicados obligan a llevar las acrobacias a las calles agobiantes. Pero alguna que otra excursión fotográfica a los yuyos ya ha tenido lugar. Acá algunas muestras ociosas.

Acrobacia al cielo

Acrobacia intermedia (y desenfocada)

Acrobacia al ras de la tierra


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